Si alguien quisiera sicopatearme seria tan fácil, pues cada medio al que me he subscrito dice algo distinto, y completa en frases todo lo que sucede en el día. (Y así pasa con todos a quienes “sigo”)
Como si la filigrana que une cada emoción pudiera sobreentenderse de manera tridimensional, buscando compenetrarse de reconocimiento, revaloración.

Las herramientas están ahí, dadas. Sólo hay que poner un poco de morbo, y listo!, puedes contar en frases sicodélicas todo lo que sucedió, y sucederá.
Lo bueno o lo malo, es que las cosas solo se suponen. Y ahora que estas aquí no necesito que armes el puzzle, porque tú no sabes de estas cosas, porque tú vives feliz jugando con la música que sale de cada caminata.
Y quiero aprender a disfrutar igual que antes de las nuevas sonrisas.
Pero dejar de ser psicópata es complicado, y para que vean que estoy en rehabilitación lo asumo. Soy una psicópata escondida
Como todos lo que leen esto, como todos los que tengo de “amigos”.

Que solo queramos ser buscados y reinterpretados…
Escudriñando al otro, superponiendo frivolidades comunes, recuerdos gastados; buscando para ser buscados.
El afán de querer ser adictivo, reconocible, necesitado. Como un elogio artificial, que necesita de otro que diga las frases que hemos maquinado por días, horas, segundos.
Pues caer en estos juegos invisibles es muy fácil, se es la victima y el victimario a la vez (que mejor situación sin culpas?)
Yo te veo, y me dejo mirar, observar, desarticular.
Y es de esta manera que reconozco tener esa sensación de complejidad inabarcable que me hace sentir que no puedo separarme de ti.
En un círculo de apreciaciones fantasmas que van dejando huellas. Porque yo leo lo que escribes, y tú haces lo mismo conmigo; ya sabemos buscarnos, pero no sentirnos.

Déjate de disparates, porque yo también los estoy dejando